En un clima íntimo pero cargado de energía, la banda presentó su primer disco con una propuesta directa y sin vueltas, que mezcló melancolía, adrenalina y una frescura que atravesó cada tema. El lugar repleto vibró con un show que dejó en claro que lo suyo va en serio: canciones honestas, sonido crudo y una identidad que empieza a afianzarse desde abajo.

Hay un concepto explícito relacionado con el pasaje del 99 al 2000 que remite al cambio y al salto hacia lo desconocido. Lo veo como una metáfora del paso de la adolescencia a la adultez que encierra el vértigo que implica crecer. Eso y mucho más propone 99 dosmil, una banda que recién arranca, pero tiene escenario asegurado para rato. Su música es prolija, sus letras introspectivas, creo que intentan entender el presente, mientras se deja atrás el pasado.
El show abrió con «Nada especial«, tema que da nombre al disco y que posee gran repercusión al ser el elegido para su videoclip, luego le siguieron «Chica Neurótica» y «Quisiera (no fumes más, amigo)». La conexión entre los integrantes de la banda con el público es inminente, y desde el primer acorde se sintió. Hay algo de ruido de garage, ganas de saltar, coros espontáneos y una presencia fantasmal de romper esquemas establecidos sin pretensión a encajar. Sonaron también «Tren», «Bestia» y «Esperar», con una energía que fluyó entre la intensidad y la sensibilidad, mostrando el costado más emocional de la banda.
El público no los dejó descansar ni un segundo, la efervescencia en su máximo esplendor mientras pasaba cada uno de los temas seleccionados para hacer en vivo. «Ya Te Estás Olvidando», «Heladera», «Todo el Día Pensando», «Veo la Luz» y «Harta!». El disco sonó entero convertido en una carta abierta sobre quienes son y hacia dónde quieren ir. Además, sumaron temas sueltos de EP anteriores.
-«99, 99, 99», les gritaban.
No hicieron covers, ni homenajes: eligieron mostrar solo lo propio y en esa decisión se percibe una identidad firme, fuera de querer parecerse a algo. El sonido parece compacto, las guitarras precisas y limpias, con un estilo indie clásico, pero con aires de post punk.

Con una naturalidad difícil de fingir, Lucía Pérsico, en bajo y voz, se destacó por su presencia segura y tranquila, vestida de encaje y con borcegos llevó el pulso del espectáculo con mucha dulzura equivalente a la fuerza que tiene como música. Dignísima mujer acompaña a los otros tres integrantes de la banda. Su voz protagonizó «Harta», «Esperar» y «Todo el Día Pensando» llegando a los picos más esperados de la noche.
La batería estuvo a cargo de Manu Santiere quien sostuvo el ritmo con una precisión quirúrgica. Su chomba roja de playero de shell y anteojos negros que quisieron esconder toda la solidez y ensayos que tiene encima. Excelentes cambios de clima intencionados.
Lau Gerbino, en Voz y guitarra mostró una actitud decidida sin perder la humildad que transmite frente al micrófono cualquier showman. Él lo hace con seguridad y, por sobre todo, honestidad. A su lado, Juan Coronel Katopodis, como guitarra principal, aportó textura y carácter, moviéndose entre acordes melódicos y haciendo el aguante a los momentos más crudos.
Quizá las comparaciones no estén bien, por eso hablaremos de influencias. Hay un poco de Strokes, Cure y Doves, con una mirada más local emparentada a El Mató y Bestia Bebé. De todas formas, ellos cuatro no buscan reproducir una fórmula, sino dejar que la energía y ese impulso que llevan dentro los trasladen hacia otro lugar.
Para el cierre, mi preferido, «AHORA SON TRANS». Un tema recontra explosivo, veloz, crudo y ruidoso. Y luego repitieron «Nada Especial», esta vez junto a Santi de la banda Radicäl, banda que los acompaña seguido. En ese último estallido se condensó la esencia del grupo: intensidad, entrega y honestidad sin artificios.
Más que reinventar la escena, 99dosmil traza su propio camino. Propone canciones que hablan de crecer, soltar y mirar hacia adelante. Lo suyo no busca lo extraordinario: se trata de mantener una verdad simple, una energía vital que, aunque parezca nada especial, termina siendo muy especial.
El disco fue grabado en los icónicos estudios Romaphonic por Nico Resnikoff. La producción de la noche estuvo a cargo de la mánager de la banda, Agus Pellegrin y las fotos son de Joaquín Fernández.


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